Siempre
que se habla de Mompox suele comparársele con Macondo y sin embargo, quien se
detenga a observar con detenimiento, sabrá que esta comparación es pura
falsedad. Aunque ambos pueblos a la orilla de un río hierven en las horas del
sol, Mompox nunca fue “una aldea de veinte casas de barro y cañabrava” como sí
Macondo, ni el Magdalena “un río de aguas diáfanas que se precipitan por un
lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”
Mompox,
entonces, al día de hoy es lo que siempre ha sido: un pueblo de los tiempos de
la colonia anclado en el siglo XVII, que nada o poco tiene que ver con el
Aracataca de los años 30. No por esto ha dejado de parecerme el pueblo que cada
historiador, cada viajero describe como encantador. Y no sólo Mompox, sino todo
aquello que hay en su derredor, pueblos, riachuelos, ciénagas y caseríos.


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